Leamos juntos el Evangelio del día 26 de febrero de 2026
Jueves de la I semana de Cuaresma
- S. Paula de San José de Calasanz, fundadora (1799-1889)
- S. Alejandro de Alejandría (ET), patriarca (ca. 250-326)
- Santo del día
Primera Lectura
No tengo más auxilio que tú, Señor.
Del libro de Ester
Est 4,17
En aquellos días, la reina Ester, presa de una angustia mortal, buscó refugio en el Señor. Se postró en tierra con sus siervas desde la mañana hasta la noche y dijo: «Bendito seas tú, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Ven en mi ayuda, que estoy sola y no tengo más auxilio que tú, Señor, porque un gran peligro me amenaza.
Yo he oído en los libros de mis antepasados, Señor, que tú libras hasta el final a todos los que cumplen tu voluntad. Ahora, Señor, Dios mío, ayúdame a mí, que estoy sola y no tengo a nadie fuera de ti.
Ven en mi socorro, que soy huérfana, y pon en mis labios una palabra oportuna ante el león, y haz que yo le sea grata. Vuelve su corazón al odio contra los que nos combaten, para ruina suya y de cuantos están de acuerdo con él. En cuanto a nosotros, líbranos de la mano de nuestros enemigos, cambia nuestro luto en gozo y nuestros sufrimientos en salvación».
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Del Salmo 137 (138)
R. El día en que te invoqué, me escuchaste, Señor.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca.
Delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R.
Doy gracias a tu nombre por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama.
El día en que te invoqué, me escuchaste,
acrecentaste el valor en mi alma. R.
Tu derecha me salva.
El Señor lo completará todo por mí.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R.
Aclamación al Evangelio
¡Honor y gloria a ti, Rey de la gloria eterna!
Crea en mí, oh Dios, un corazón puro,
devuélveme la alegría de tu salvación. (Sal 50, 12a.14a)
¡Honor y gloria a ti, Rey de la gloria eterna!

Evangelio de hoy 26 de febrero de 2026
Todo el que pide, recibe.
Del Evangelio según san Mateo
Mt 7,7-12
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
¿Quién de vosotros, si su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide pescado, le da una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!
Todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas».
Palabra del Señor.
La puerta siempre abierta: El diálogo de amor de Eugenio
Las palabras de Jesús en el Evangelio de hoy son un aliento que calienta el corazón: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá». Dios no es un juez distante, sino un Padre que desea dar cosas buenas a quienes se las piden. Jesús nos asegura que ninguna oración se pierde, incluso cuando la respuesta no es exactamente la que esperábamos, porque un padre jamás daría una piedra al hijo que pide pan.
A menudo me he preguntado cómo mi hijo Eugenio lograba mantener esa serenidad al pedir y al buscar. Su oración no era una lista de exigencias, sino un llamar continuo y confiado a la puerta de Dios. Incluso en los momentos más oscuros, Eugenio nunca dejó de buscar la mano del Padre. Recibió el «pan» de la fortaleza, el «pescado» de la paz interior, y nos dejó como herencia la regla de oro vivida en su propia piel: hacer a los demás lo que quisiéramos que hicieran con nosotros. Él, aun necesitándolo todo, siempre se preocupaba por regalar un pensamiento o una sonrisa a quienes lo rodeaban.
Hoy, en mis oraciones, quiero llamar a esa misma puerta con la sencillez de mi hijo. No pido milagros que alteren el designio de Dios, sino que pido la gracia de saber ver los dones buenos que el Padre siembra cada día en mi camino. Aprendo de Eugenio que orar no significa convencer a Dios de que haga lo que nosotros queremos, sino permitir que Dios nos dé la fuerza para vivir lo que Él ha preparado para nosotros.
EL MAGISTERIO DE LOS PAPAS
«Jesús nos asegura que el Padre siempre responde. Pero cuidado: no es una máquina expendedora. Dios nos da lo que realmente necesitamos para nuestra salvación, que a veces es distinto de lo que pedimos. La oración es el aliento de la fe: no os canséis nunca de llamar, porque detrás de esa puerta hay un corazón que os ama infinitamente.» — Papa Francisco (Audiencia General)
«La oración es la expresión de nuestra esperanza. Si un padre terrenal sabe dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial! Confiad en su providencia, incluso cuando el silencio de Dios parezca volverse pesado. En ese silencio, Él está preparando para vosotros un don más grande de lo que podéis imaginar.» — Papa Benedicto XVI (Reflexión espiritual)
«Todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos. Esta es la síntesis de la vida cristiana. No esperéis a ser amados para amar, a ser ayudados para ayudar. Tomad la iniciativa del bien, como Cristo la tomó con nosotros, llamando primero a la puerta de nuestro corazón.» — San Juan Pablo II (Homilía a los fieles)





